Ella me mira…

“Ella me mira” es lo que dice mi padre cuando sentado en el sofá observa la reproducción de un fragmento de un cuadro de Gustav Klimt comprado en IKEA. Se trata de un fragmento de la obra Water Serpents I, tan solo la mujer que se encuentra en la parte inferior del cuadro.

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Aquí se encuentra el primer punto en el que la reproductibilidad técnica afecta a la obra de arte, no es el cuadro entero, que se trata de varias mujeres tumbadas, IKEA nos muestra a penas una mujer. IKEA vende en decenas de países, y esta mujer estará en cientos de salones, y muchos de sus propietarios desconocerán su pintor, o el cuadro real. La reproductibilidad técnica permite una transformación sobre la obra de arte, que priva al consumidor de su total conocimiento. Además IKEA “censura” la imagen, pues el pecho y el vello se omiten en la reproducción vendida en tienda; perdiendo el sentido salvaje y sensual que en mi opinión Klimt intenta transmitir con la desnudez.

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Además al ser una reproducción no estás viendo realmente el cuadro de Klimt, no la estás viendo a ella, y ella no te está mirando. Klimt consigue con este cuadro, pintar los ojos de la mujer, de forma que estés donde estés, sus ojos te miran. Pero la experiencia, la sensación de que realmente te miren esos ojos desde el verdadero cuadro debe ser indescriptible.

La reproductibilidad técnica permite que mi padre tenga un pedazo de Klimt en su salón, pero la experiencia nunca será ni parecida a tener un Klimt verdadero.

Cristina Rodríguez Díaz


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