Posts Tagged 'Walter Benjamin'

El museo en casa.

Desde que conocí el Google Art Project, como futuro historiador del arte tengo toda una serie de sentimientos que se contradicen con mucha facilidad.

Y es que, como buen estudiante de esta carrera, he visto a lo largo de estos cinco años (en España, el antiguo plan es así de largo) miles y miles de diapositivas con las que tener un apoyo visual a las explicaciones que los diferentes profesores me han dado a lo largo de mi titulación.

Para mi, son un mero apoyo visual, una forma de identificar una obra de arte, ponerle a ese nombre, fecha, autor y descripción forma. Aunque eso si, he de decir que gracias a ellas, cuando he tenido la oportunidad de visitarlas en algún museo, he perdido parte de la ilusión por verlas, o ya se como son, puedo ver su tamaño, sus imperfecciones, y eso como buen amante del arte es una gran frustración.

Bueno, el caso es que con el proyecto de la empresa de nuestro buscador favorito y normalmente página de inicio, los sentimientos hacia el son los mismos. Por una parte es toda una ventaja tener a mi alcance una serie de obras de museos tan dispares y lejanos como el MOMA de Nueva York o la Galeria Tetriakov moscovita, museos en los cuales no se si en algún momento de mi vida visitaré. Pero también el hecho de tener otras obras de museos cercanos a mi, como el Reina Sofía o el Thyssen Bornemisza  ya genera en un poco de malestar, se trata de una opinión muy personal y creo, que un poco incomprensible, pero a la vez tan acorde a los pensamientos de Benjamin.

Por tanto, y para terminar, he de decir que no encuentro una explicación lógica a ello, se que se trata de una potente herramienta de acercamiento cultural, pero a la vez una potente arma en contra de la industria cultural, todo un vaivén de sensaciones y opiniones.

 

Manuel Muñoz Ferrer

 

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El grito de Walter Benjamin

Para Walter Benjamin, la producción en masa ocasionaba que los objetos perdieran su aura, que podría ser equivalente al ethos al que hacía referencia Aristóteles. Es decir, el arte encontraba a un verdadero peligro en la industrialización.

El pensamiento de Benjamin era comunistoide (no es que tenga nada de malo, pero lo era). Sus ideas de cierta forma nos remiten al concepto marxista de alienación, según el cual el trabajador pierde control sobre el fruto de su trabajo y toda su existencia rueda en torno a producir para el patrón. De hecho, en “El autor como productor” Benjamin reinvindica la supuesta connotación política del dadaísmo. Al respecto del movimieto decía que “su fortaleza revolucionaria consistía en examinar la autenticidad del arte“. Es decir, que el tema de definir precisamente qué es arte siempre ha sido una parte importante en su obra, llegando a encontrar significados políticos incluso en gestos que probablemente no pasen de ser lúdicos. Porque, en honor a la verdad, es más creíble que “fountain” de Duchamp fuera una idea surgida durante una madrugada de borrachera en lugar de un estamento político.

La función social del arte es reivindicada de esta forma por Benjamin, que parece partir del principio de que el artista es un privilegiado que posee las herramientas para expresar lo que el pueblo quiere pero no consigue decir. Así, encuentra que la manera en la que las masas participan y se ven expuestas a las obras artísticas termina por devaluar a la propia obra. Es por eso que sobre los espectadores de cine declara “the public is an examiner, but an absent-minded one“. O sea, que el arte es prácticamente manipulado por interesas fascistas que en lugar de hacer que las personas se concentren, busca que se distraigan de lo que es verdaderamente importante. Panem et circenses, o en el caso de Portugal: pão e futebol.

La reproducibilidad y la masificación implican entonces una degradación intrínseca, pues el arte perdería su función noble y elevada al pasar a ser un objeto de consumo y entretenimiento en lugar de una fuente de reflexión e iluminación erudita. ¿Pero no es acaso esta una visión poco democrática y excluyente de las cosas? Uno sólo puede fantasear con lo que se habría escrito al respecto en la época de los Nuevos Medios, época en la que un niño africano que de ninguna otra manera habría tenido acceso al museo que alberga “El grito” de Edvard Munch hoy está a un click de distancia de verlo. ¿Se puede decir entonces que Walter Benjamin defiende un arte más personalizado, casi elitista? No lo sé; nunca entendí a Walter Benjamin.

– Mauricio Andrés Gomes Porras.


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